Tiene un código de barras tatuado en la muñeca. Parece como marcado a fuego. Ella, que ha seguido mi mirada, sonríe un poco y se sonroja. Luego pasa la mano por el lector laser: 299€. Pago con tarjeta, la meto en una bolsa de plástico y la subo a la habitación.
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domingo, 8 de abril de 2012
El supermercado
Tiene un código de barras tatuado en la muñeca. Parece como marcado a fuego. Ella, que ha seguido mi mirada, sonríe un poco y se sonroja. Luego pasa la mano por el lector laser: 299€. Pago con tarjeta, la meto en una bolsa de plástico y la subo a la habitación.
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martes, 21 de febrero de 2012
Lepidópteros cabreados
Todo comenzó con aquel portazo. La sensación en el estomago, como un ligero aleteo, que había sentido los últimos meses, se tornó de pronto en una leve incomodidad. Cuando vi su armario vacio, empeoró. Y esa noche, al notar el frío en su lado de la cama, me retorcí y grité agarrándome las rodillas. En el hospital me hicieron todo tipo de pruebas. Y un sesudo doctor, al ver la ecografía, me aconsejó operarme sin perder más tiempo. Está usted infestado, sentenció. Accedí enseguida, todo con tal de librarme de ese dolor.
Cuando, a la mañana siguiente, desperté de la anestesia, me sentía débil pero aliviado. La enfermera, que estaba comprobando el goteo, vio que me removía y sonrió. De buena se ha librado, dijo señalando con la barbilla una caja de entomólogo encima de la mesilla, todo eso tenía usted dentro. Al cogerla vi que contenía una docena de pequeñas mariposas con las alas clavadas. Cada una de ellas tenía una diminuta boquita con filas de afilados dientes.
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