El amor es un engaño, una estéril falacia de la mente. Para el cosmonauta Serguéi Grigoriev, sólo eran impulsos eléctricos que saltaban entre neuronas. Al menos eso solía decirnos, al resto de tripulantes de la estación espacial MIR, mientras comíamos o realizábamos labores de mantenimiento. Nosotros guardábamos silencio e intercambiábamos miradas de complicidad. Todos sabíamos que, cada domingo al pasar por las coordenadas 39,54 N, 4,17 E, Serguéi salía fuera embutido en su traje espacial y, cuando pensaba que nadie miraba, sacaba de no sé dónde una rosa y una carta. Las empujaba suavemente hacia abajo y se quedaba ahí, inmóvil, viendo como se hundían lentamente en la atmósfera azul y blanca.
Mostrando entradas con la etiqueta cosmonauta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cosmonauta. Mostrar todas las entradas
miércoles, 26 de noviembre de 2014
sábado, 16 de junio de 2012
El día en que se jubiló Alexey
Hoy se jubila Alexey; pronto llegará a la estación espacial una nave Soyuz para llevárselo de regreso a la Tierra. “Espero que el sustituto se lave más a menudo”, piensas, mientras le observas flotar sobre su litera.
¿Será posible? Debería estar preparando su última misión: Un paseo espacial rutinario. En lugar de eso, está levitando boca arriba, dando traguitos de una petaca de vodka que no sabes cómo demonios ha conseguido colar. Mira fotos antiguas, de sus primeras misiones, allá por el 65; y de su familia, sobre todo de su hija.
-Vamos, viejo –le dices, poniéndole una mano en la rodilla-, hay que salir ya.
Ves como se guarda un par de fotografías en el bolsillo interior. No consigues ver cuáles.
Cuando entra en el modulo esclusa, enfundado en su traje espacial, tú ya hace rato que estás frente al panel de control, esperando. Cierra la compuerta tras de sí, y dice:
-Listo.
Cuando has sacado todo el aire de la esclusa, le indicas que ya puede salir. Abre la compuerta exterior; frente a él, incontables años luz de oscuridad y vacío. Se da impulso con los brazos y sale fuera. Le ves alejarse y volverse cada vez más pequeño.
Casi no te sorprende ver que no lleva cable de seguridad.
Etiquetas:
cosmonauta,
cosmos,
jubilación,
Microrrelato
Suscribirse a:
Entradas (Atom)