El niño que sonríe desde el
portarretratos tiene la cara sucia de chocolate. Ella le da un golpecito,
casi distraídamente, y ve como cae de la mesa y se hace añicos. Recoge la foto,
le sacude los trocitos de cristal roto y baja a la calle. Camina largo tiempo
bajo la azulada luz del alba, entre ruinas y cascotes. Al llegar a
la trinchera, saca la foto y empieza a doblarla. Con parsimonia, un
pliegue, después otro, sin hacer caso de los gritos, ni ver los fusiles
que asoman, histéricos, desde el otro lado de la alambrada. Entonces,
casi al mismo tiempo, escuchamos un disparo, una mujer deja de llorar y
un avioncito de papel surca el aire sobre las cabezas de los soldados.
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miércoles, 19 de noviembre de 2014
domingo, 15 de abril de 2012
Origami airlines
-¿Qué le pasa al avión, papá? -pregunta Javier- ¿Por qué no vuela?
Le digo que se tranquilice, que voy a revisarlo. Con cuidado, lo despliego hasta que vuelve a ser una hoja de papel cuadriculada. La miro al trasluz. Aquí, señalo. Javier aprieta los labios y asiente. Saca su estuche y corta un trozo de celo. Lo coloca sobre el folio tapando una pequeña brecha. Y volvemos a montarlo: Primero el fuselaje, luego las hélices, los motores y los asientos, finalmente los pilotos y las azafatas. Javier lo coge con dos dedos y le echa el aliento a la punta. El piloto le hace una señal, él mira hacia la torre de control. Cuando tiene pista libre, lo lanza. Destino Tokio.
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